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    El día que comenzó la división de Alemania

    Conocido como el “Muro de Protección Antifascista” o el “Muro de la Vergüenza”, el Muro de Berlín dividió fronteras, vidas e ideas desde el 13 de agosto de 1961 hasta su caída el 9 de noviembre de 1989 BERLÍN, Alemania.- Conocido como el “Muro de Protección Antifascista” o el “Muro de la Vergüenza”, el Muro de Berlín dividió fronteras, vidas e ideas desde el 13 de agosto de 1961 hasta su caída el 9 de noviembre de 1989.

    También fue uno de los capítulos más oscuros de la historia de Europa, además de punto neurálgico del conflicto Este-Oeste a nivel mundial.

    El Muro -que dividía a Berlín en dos partes y separaba a la República Federal Alemana (RFA) de la República Democrática Alemana (RDA)- se convirtió en el principal símbolo de división de la Guerra Fría.

    La primera piedra del muro físico se colocó el 13 de agosto de 1961, pero sus fundamentos se venían cimentando desde tiempo atrás.

    Al finalizar la II Guerra Mundial y tras la ocupación de Alemania por los países Aliados, éstos dividieron Berlín en cuatro sectores desmilitarizados: tres zonas occidentales (administrados por Francia, Reino Unido y Estados Unidos) y uno oriental, administrado por la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

    Las fronteras se reforzaron con la intensificación de la Guerra Fría, convertida en un conflicto diplomático y una amenaza militar permanente, especialmente tras el embargo de productos de alta tecnología contra el Bloque del Este.

    Desde la creación de la RDA aumentó la emigración hacia la Alemania Occidental y ya desde 1952 las autoridades comunistas protegieron las fronteras con vallas y vigilantes, creando una zona tapón de cinco kilómetros a la que sólo podían acceder los residentes.

    Junto a la frontera había otros 500 metros de zona prohibida y en la frontera una barrera de 10 metros. Ello no impidió que continuara la emigración: entre 1949 y 1961 unos tres millones de personas se marcharon a la RDA desde Berlín Oriental y sólo en las dos primeras semanas de agosto de 1961 lo hicieron 47 mil 533 personas.

    Berlín Oriental se había convertido en la puerta hacia Occidente y muchos de los que emigraban eran jóvenes con formación, lo que constituía una amenaza para la población y la economía de la Alemania comunista.

    El primer día que se habló del Muro fue dos meses antes de su construcción: el 15 de junio de 1961, cuando el propio presidente del Consejo de Estado de la RDA, Walter Ulbrich, lo negó en rueda de prensa.

    Ante la pregunta de un periodista sobre los presuntos planes para levantar un muro, Ulbrich aseguró: “Nadie tiene la intención de construir un muro”.

    Su levantamiento fue una sorpresa para todos. Mientras en el Este fue un secreto de Estado de la RDA, en el oeste los aliados fueron informados del acordonamiento de Berlín Oeste en el marco de un plan de “medidas drásticas”.

    Los servicios secretos de la República Federal Alemana, el Bundesnachrichtendienst (BND), tenían ya en julio de 1961 información sobre las medidas de bloqueo que se pretendían imponer, pero también se vieron sorprendidos por el calendario y la dimensión de las barreras.

    El 11 de agosto de 1961, el parlamento de la RDA, la Cámara Popular, autorizó al Consejo de Ministros a emprender medidas y éste ordenó a las Fuerzas Armadas, un día después, ocupar la frontera y construir el muro.

    Así en la madrugada del 12 al 13 de agosto, sin previo aviso, se construyeron las bases del trazado completo del muro a excepción de una zona fuertemente controlada por la policía de la RDA. Durante la madrugada, miles de soldados se esparcieron por la ciudad iniciando las obras.

    La ciudad amaneció sorpresivamente dividida por alambres de púas, barricadas y paredes de construcción que se convertirían en el Muro.

    Fue en la famosa calle Bernauer, en Berlín, donde comenzó la construcción y donde se vivieron las primeras escenas dramáticas. Imágenes que dieron la vuelta al mundo mostraban cómo la gente que quedaba en el Este de la capital saltaba desde las ventanas de sus casas a la parte de la calle que quedaba dentro de las fronteras occidentales.

    Cinco mil miembros de la Policía Fronteriza, cinco mil de la Policía Popular y cuatro mil 500 efectivos de las brigadas sellaron los accesos a Berlín Occidental, mientras las tropas soviéticas se movilizaban en la frontera.

    Berlín también amaneció ese 13 de agosto sin transporte que uniera ambos lados. Los trenes y metros que circulaban en el oeste siguieron atravesando el este, pero sin detenerse en las estaciones de Berlín Oriental, que pasaron a ser estaciones fantasmas. Sólo la de Friedrichstrasse permaneció activa, pero sometida a férreos controles.

    Primero se instaló una cerca de alambre de púas que rodeaba Berlín Occidental, pero pronto se irguió en su lugar un verdadero muro de 155 kilómetros, que convirtió los sectores occidentales en una isla dentro del territorio de la RDA. El antiguo sector soviético se transformó en Berlín Oriental.

    El gobierno de la RDA alegó que era un “muro de protección antifascista”, cuyo objetivo era evitar las agresiones occidentales, argumentando que su construcción era consecuencia obligada de la política de Alemania Federal y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

    De todos modos, las autoridades de la RDA también reconocían que entre los objetivos del Muro estaba evitar la emigración masiva y la fuga de cerebros. Entre 1949 y 1961, dos millones 500 mil ciudadanos orientales habían pasado a la zona occidental.

    Lo que los comunistas denominaban “Muro de contención antifascista” se convirtió en el “Muro de la vergüenza” para Alemania Occidental y los aliados.

    La visión de la RFA y de Occidente fue que el único propósito era impedir que los ciudadanos de la RDA entraran en Berlín Occidental y, por lo tanto, en Alemania Federal.

    El 13 de agosto de 1961, el canciller federal de la RFA, Konrad Adenauer, pidió calma y prudencia a la población y dos semanas después visitó Berlín Oeste.

    Sólo el entonces alcalde de Berlín, Willy Brandt, protestó energéticamente por la construcción del Muro y el 16 de agosto convocó a una manifestación que sacó a la calle a 300 mil berlineses occidentales. Sin embargo, no pudo hacer nada para evitar la división definitiva de la ciudad.

    Los aliados tardaron 20 horas en reaccionar: entonces comenzaron a enviar efectivos militares para apostarlos en la frontera. Después de 20 horas se comunicaron con el comandante soviético de Berlín, pero pasaron tres días para una protesta diplomática ante la URSS.

    El entonces presidente estadunidense John F. Kennedy consideró que el Muro era “una solución poco elegante, pero mil veces preferible a la guerra” y envió mil 500 hombres de refuerzo a Berlín Occidental.

    La construcción inicial se fue perfeccionando con el tiempo. El Muro de “cuarta generación” de 1975, era de hormigón armado, tenía ya 3.6 metros de alto y estaba formado por 45 mil secciones independientes de 1.5 metros de longitud. Su costo fue de 16 millones 155 mil marcos de la Alemania Democrática.

    Además, la frontera estaba protegida por una valla de tela metálica, cables de alarma, trincheras para evitar el paso de vehículos, una cerca de alambre de púas, más de 300 torres de vigilancia y 30 búnkeres.

    Durante la existencia del Muro se contabilizaron unas cinco mil fugas a Berlín Occidental; intentos exitosos de huida incluyeron la de 57 personas, que escaparon a través de un túnel de 145 metros de longitud cavado por los berlineses occidentales, los días 3, 4 y 5 de octubre de 1964.

    El intento fallido más destacado fue el de Peter Fechter a causa de su dramatismo.

    Fechter intentó cruzar el Muro junto a su compañero Helmut Kulbeik, quien sí consiguió llegar al otro lado. Sin embargo, el primero fue herido de bala y abandonado hasta morir desangrado a la vista de los medios occidentales el 17 de agosto de 1962.

    El último intento de cruzar el Muro y que culminó con la muerte de quien lo protagonizó tuvo lugar el 8 de marzo de 1989, ocho meses antes de su estrepitosa caída.

    El ingeniero germanoriental Winfried Freudenberg construyó una especie de globo aerostático con el que consiguió cruzar la frontera, pero éste se desplomó en Berlín Occidental y él murió al instante.

    En marzo de 1989 nadie imaginaba que pronto ya no sería necesario arriesgar la vida para cruzar el Muro.

    Notimex